24-06-2023 10:27 hs.

Por primera vez logran volver a poner en funcionamiento una represa que usaban los incas

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Entre el 1400 y el 1531, en los Andes peruanos se vivía un momento de cambio climático, con un clima más seco y cálido que impactaba en el abastecimiento de agua. Los incas, entonces, retomaron el uso de la represa Ricococha Alta, que había construido antes el pueblo de los huaylas. Durante siglos abandonada, hoy por esa represa volvió a circular agua, gracias al trabajo de recuperación liderado por un investigador del CONICET. 

Ricococha Alta está ubicada en la Cordillera Negra, en Perú. Esta semana fue inaugurada oficialmente. Tiene una capacidad de 30.000 metros cúbicos de agua y ya comenzó a satisfacer necesidades de consumo personal para 1.200 personas y actividades agropecuarias de las comunidades de Cajabamba Alta y Putaca y de otras 250 viviendas ladera abajo. 

Es la primera vez que se recupera el uso de una represa prehispánica, y los investigadores esperan que este modelo se pueda replicar en más construcciones similares en la región. 


Detrás del proyecto está el arqueólogo Kevin Lane, investigador del CONICET en el Instituto de las Culturas (IDECU, CONICET-UBA). "Rehabilitar una represa prehispánica es mucho más económico que construir una represa moderna de cemento, son más resistentes a movimientos sísmicos y, además de satisfacer necesidades de agua de las comunidades, se logra preservar patrimonio arqueológico", explicó. 

Según informó el CONICET en un comunicado, rehabilitar la represa requirió una inversión de 120 mil dólares, que fueron donados por la fundación alemana Gerda Henkel. Construir una nueva, en cambio, demandaba un millón de dólares. 

Durante la inauguración de la represa, que ahora almacena agua de las lluvias registradas de octubre a marzo, Lane destacó que el buen funcionamiento de la represa Ricococha Alta puede ser el puntapié "para la rehabilitación de más represas prehispánicas que pueden ser parte de la solución en un contexto de cambio climático que atraviesa el siglo XXI y por el que los pueblos de los Andes sufren de un alto estrés hídrico".