Se utiliza el término ecoansiedad para hacer referencia a la condición de ciertas personas que sienten un temor constante a un cataclismo ambiental debido a la acción humana sobre el clima y la naturaleza.
Este término es relativamente nuevo, ya que sus primeras apariciones fueron a finales de la década de 1990, pero cobró más notoriedad durante la pandemia. Se relaciona con otro concepto más antiguo, el de solastalgia, que fue acuñado por el filósofo australiano Glenn Albrecht.
Han comenzado a surgir síntomas específicos -en especial en la juventud- que la OMS ya reconoce como uno de los temas a atender de la crisis climática.
La palabra define el conjunto de trastornos psicológicos que se presentan en una población nativa tras cambios destructivos en su territorio, ya sea como resultado de las actividades humanas o del clima.
Por ahora, no es considerada como una enfermedad por la
Asociación Estadounidense de Psicología (APA), pero la entidad reconoce que el
cuadro derivado de la "preocupación por el propio futuro y el de las
próximas generaciones" está en ascenso.
Son similares a las respuestas orgánicas frente
a la ansiedad, es decir, taquicardia, sensación de ahogo y dificultad para
respirar. A la vez, se manifiesta en pensamientos y rumiaciones, acompañada de
la lectura compulsiva de noticias sobre la crisis climática y la necesidad
constante de hablar del tema, lo que puede repercutir en la funcionalidad y el
bienestar emocional de quienes la presentan.
Con respecto a la cantidad de personas que lo sufren, expertos coinciden en que a medida que crecen los problemas relacionados con el clima, también aumentará la cantidad de personas que la experimentan.
Uno de los informes pioneros que advertían sobre el impacto
psicológico del cambio climático y su incremento fue Mental Health and Our
Changing Climate: Impacts, Implications and Guidance, de la Asociación
Estadounidense de Psicología, que data de 2017.
La clave está en aprender a vivir de manera más sostenible:
reducir residuos, apostar por energías renovables, optar por un consumo
responsable y de cercanía, y respaldar a marcas sostenibles y de impacto social
positivo.
En definitiva, la acción se basa en apoyar la transición
ecológica y ser ejemplo de ella. Porque los cambios individuales llevan a otros
colectivos y, como explican desde el Climate Reality Project, "si quieres
luchar contra esos sentimientos de angustia que aparecen cada vez que lees
noticias sobre la crisis climática, los pequeños cambios pueden marcar la
diferencia en la salud mental y la del medio ambiente".